Violentas perversiones

 Mariela Loza Nieto

 

Mediante un fenómeno de proyección, el odio del agresor es proporcional al odio que él mismo imagina en su víctima. La ve como un monstruo destructor, violento y nefasto (…). El agresor le atribuye una intencionalidad malvada y se anticipa agrediendo él en primer lugar.

Marie-France Hirigoyen

 

Del grillete al rojo vivo,

de la dislocación de los brazos,

de la carne chamuscada por el fuego,

del calabozo inmundo,

de la espalda destrozada a latigazos.

 

Del instrumento que despotrica un alarido,

de la virgen Nüremberg,

del cercenar los dedos,

del lastimar las pupilas con ardientes hierros.

 

De las puntas de pera que cortan gargantas y cervix

de los afilados picos de la horquilla sobre el esternón,

del alimento salado, del agua sucia…

de la soga que mueve de un lado a otro la cabeza bruscamente…

del garrote vil,

del desgarramiento de senos,

del aplastamiento de pulgares y piernas,

del sangrar el cuerpo de una “bruja”.

 

Señala un dedo,

y repitiéndose mil veces la mentira en verdad convierten.

 

Y de la tortura que destaza cuerpos,

que mutila la lengua con púas filosas de máscara infamante…

del tormento del desgarro de senos,

al tormento que ni siquiera toca…

pero todo lo desgarra,

todo lo destroza…

 

De violentar un cuerpo físicamente,

a la mirada despectiva,

a la insinuación cotidiana,

a la humillación corriente.

 

De la perversión de la violencia

a la violencia perversa que todo pervierte…

y queda desprotegido el susurro de una mariposa,

el vuelo de sus alas transparentes.

 

Del sufrimiento físico,

a cargarse al lomo el bajo salario,

la herramienta…

el rumor que a espaldas la vida cercena,

cargar con la burla cotidiana,

y con el lenguaje paradójico permanente.

 

Y ríe el tirano perverso,

y a la víctima sus lágrimas el corazón mojan,

y a los testigos los moja la ignominia de su silencio.

 

Y señalan y rumoran

y es la cobardía la defensa del que señala,

del que manipula,

del que miente.

 

Del tormento inquisitorio de los cuerpos,

al tormento psicológico en que la vida poco a poco se pierde.

 

Y ni siquiera te tocan para destrozarte

pero te mutilan la mente.

 

Del sufrimiento de la carne,

a cargar con la mochila, el libro, el cuaderno…

y con la desestabilización psíquica

y con el sarcasmo hiriente.

 

Y la humanidad se deshumaniza en la tortura,

en infligir dolor intencionado física o psicológicamente.

 

Y la amas… y de su narcisismo nace a tu amor tinieblas.

Y lo amas… y en tu asesino psíquico se convierte.

 

La violencia perversa transforma en infierno una escuela,

la calle, el transporte, la plaza,

y en calabozo infrahumano la oficina… la casa.

 

Ocho de la noche.

 

No consuelan las olas del mar la angustia,

ni la brisa fresca del bosque siempre verde,

no consuela el humedal las ansiedades,

ni el canto de la cigarra…

ni el vuelo de las aves…

No sabes si verás otra vez la primavera…

No hay duda, el corazón al dolor embarrado queda…

y la vida misma en tortura se convierte.

 

Fingen no mirarte,

y rumoran a tus espaldas,

y niegan el conflicto,

y te dejan paralizada…

y no te hablan.

 

Y ni siquiera te tocan…

y te estalla la mente…

y te duele.

 

Y la impotencia

y una desesperanza inaguantable…

y parece que te vencen,

que todos los caminos están cerrados,

que no habrá tiempo para la alegría…

sólo piensas en la muerte.

 

Ni siquiera te tocan…

Y te hacen estallar la mente…

Y te duele, y te duele… y te duele.

 

 

 

 

mail a ANAMIB

Página principal