CUANDO NO QUIEREN QUE SEAS NADIE:

Un día eres un buen trabajador y al día siguiente ya no eres ni sirves para nada. Lo que para ti es una desgracia, para ellos es cometer el peor pecado imaginable. ¡Cómo se te ocurre coger la baja!

Cuando vuelves a trabajar, ya no eres nadie:

-         Te encuentras a alguien en tu mesa y haciendo tu trabajo.

-         Tienes que estar pendiente de que alguien tenga algo para que hagas.

-         No te mereces el sueldo que te pagan.

-         Todo lo que haces, lo haces mal.

-         Te gritan.

-         Te amenazan.

-         Te insinúan que no estás bien.

-         Cada vez te van desplazando de mesa, hasta que te ponen al fondo de la oficina.

-         Te dan los peores trabajos.

-         Hacen que llores en casa y cada mañana ir a trabajar sea un calvario.

-         Hay testigos mudos, que también se juegan su puesto de trabajo.

-         Lo último es que te levanten la mano y digan que estás loco.

 Realmente llegas a pensar que no eres nadie. Que tienen razón, que te están haciendo un favor manteniéndote en ese puesto de trabajo y que no te mereces el sueldo que te pagan. Llegas a pensar que la culpa es tuya, que te paso adrede y lo que te pasa es normal.

No te das cuenta, que tú no tienes ningún problema. Que te están intentando hacer daño. Cuando se colma el vaso y contestas, ese día tú eres el malo y hay que acabar contigo. Te echan, te indemnizan (en el mejor de los casos, si no hacen lo imposible porque te vayas tú) porque saben que no es lícito y ya vendrá otra persona, más fuerte o más débil y si es necesario cometerán el mismo error. Mientras tengamos la sartén por el mango, los trabajadores son los débiles.

Nadie tiene la capacidad, ni el derecho  para hacerte llorar, ni merece que lo hagas por ella. No permitáis que nunca os hagan daño, os hagan sentir que no existís y que no valéis para nada. Para mucha gente sois muy importantes. Piensa que no tienes culpa de nada.

Ana María Domper Laguna

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