En el infierno
Hola, soy médico internista. Soy una mujer mexicana de 40 años de edad. Me desempeño en mi especialidad en una Institución hospitalaria en el área de terapia intensiva adultos hace más de 8 años. Trabajé por seis años y medio sola con pacientes graves en una unidad de 8 camas, con disponibilidad las 24 horas del día, todo el año, excepto mis dos períodos vacacionales y uno que otro permiso para cursos académicos. Colaboraba en todo: fui jefe de Medicina Interna, de Terapia Intensiva, en trasplante de órganos donde también mis labores eran muchas: identificar el potencial donador de órganos, cuidarlo y mantenerlo, consolar a la familia, hablar de muerte cerebral a familiares, solicitarles la donación de órganos. Un enorme nivel de estrés. Hasta que un día me canse, comencé a percibir algunas situaciones no gratas y renuncie a ciertas actividades en el Hospital. Muy claro tengo que a partir de ese momento comenzó una terrible batalla para mí. Iniciaron comentarios malos, ofensas y humillaciones públicas por parte de otros compañeros médicos, angustiada y ansiosa me defendía sin saber que estaba pasando. Sacaban copias de mis notas médicas, esperaban mis errores para evidenciarme, y entre más me hacían más me defendía, me tachaban de agresiva, cuestionaban mi conducta. Inició labores en la unidad otro médico, que durante mi carrera fue mi maestro. Pero yo era su jefa. Yo creía que trabajábamos bien, en equipo, para mi la carga de trabajo se diluyo enormemente. Pero los ataques de mis compañeros médicos continuaban: que si puse nota médica, que si no la puse, que porque esto, que porque lo otros, cantidad de cosas que no comprendía y sólo me preguntaba obsesivamente que estaba sucediendo conmigo?, si tendría yo que cambiar mi conducta ?. Para entonces ya sufría insomnio, sudores nocturnos, palpitaciones, llanto, crisis de pánico mas adelante. Nadie me ayudaba. Simplemente tenía conflicto con mucha gente en el trabajo y claro que era yo paranoica, bipolar, loca, etc. Acudí a directivos y tampoco hubo ayuda de nadie, solo me escuchaban y daban largas a mis palabras. Finalmente mi conducta para entonces ya era muy cuestionable, según todos ellos. Solicitaba vacaciones de un día para otro, deprimida, angustiada. Acudí a un neuropsiquiatra que me diagnóstico trastorno de angustia. Me lleno de medicamentos. Transitoriamente mejoré el estado de ansiedad y depresión. Mi vida personal era un desastre también. Soy soltera y sin hijos, creo que de haber tenido esposo e hijos los hubiera destruido, era demasiado mi desastre emocional. Mis mejores amigos del trabajo también me dieron la espalda, yo los cuestioné y los enfrenté y peor me fue. Se unieron al acoso. Le pedí ayuda al que ahora era mi jefe inmediato (mi maestro que ocupaba ahora el puesto que yo tuve) sólo me dijo: que el no sabía y que hiciera yo lo que quisiera. Entre ellos el compañero médico de la Unidad que finalmente se quedó con la Jefatura que tuve yo durante 8 años. Cuestionada por todos respecto a mi irritabilidad, mis altibajos emocionales, sin dejar de trabajar al tremendo ritmo de estrés que genera el tratar enfermos graves. Cada vez peor. Atacada una y otra vez con cualquier pretexto: que mis notas médicas, que si no la puse, que si la puse, que porque no admití a X paciente, que porque si, que si esto que si lo otro. Yo era culpable de todo según ellos y la mala. Empecé a buscar otro trabajo con muchos temores y miedos. Tuve crisis de pánico en varias ocasiones y eso es algo horrible. Cada vez me sentía peor y el Neuropsiquiatra me llenaba de más medicamentos, hasta que un día casi me mata por sobredosis de fluoxetina. Estaba desesperada ya: solicité tener un turno fijo de trabajo y no estar disponible todo el tiempo como esclava. Eso generó más ataques de mis compañeros. Y nadie se preocupaba un poco por mi y mucho menos se ponían un poquito en mi lugar. No eran ellos las víctimas. Yo había demandado a la Institución en derechos humanos de mi País. Claro que por ello me fue peor. Derechos humanos fallo a mi favor, pero el acoso continuo. Logre mi turno de trabajo. De mis compañeros de Institución absolutamente ninguno me apoyo o me brindó palabras de aliento. No existió nadie que en un momento estuviera conmigo, ni mis dos mejores amigos (eso dicen que son). Con un gran esfuerzo de mi parte abandoné progresivamente todos los medicamentos prescritos por el neuropsiquiatra. Tengo un prolapso de válvula mitral y éste condiciona con el alto nivel de estrés disautonomías, así que afortunadamente con pequeñas dosis de betabloqueador mejoraron muchas molestias, yoga, apoyo psicológico y baja dosis de ansiolítico. Es una historia real, continua el proceso de superar toda esta pesadilla. Puedo decir que ya estuve en el infierno. Es terriblemente doloroso estar sólo en un proceso de psicoterror, yo pensaba que eso no existía que solo lo mencionaba la literatura, pero es real, devastador, inhumano y cruel.... muy cruel... porque como víctima no sabes porque y si llegas a creer que el que esta muy mal es uno. Soy una mujer dedicada a su profesión, amo la medicina y siempre la he ejercido con un alto sentido de humanidad, ética, integridad, honor y dignidad. Siempre respetando la individualidad de las personas. Creo que esas características en un ambiente lleno de envidias y malas competencias , además de un maldito y perverso narcisista fueron claves para el acoso laboral. Si conseguí otro trabajo, en un hospital privado de gran renombre en mi País, pronto ingresaré a él y mi objetivo es que al estar bien establecida dejaré lo actual. Ahí yo ya no trabajo cómoda y feliz como hace algún tiempo. El acoso laboral duró más de dos años, tardé mucho en identificarlo y fue por medio de su página , específicamente de la "carta a un acosado" como me di cuenta de lo que estaba viviendo. Todavía hoy tengo períodos de ansiedad, angustia y depresión, afortunadamente cada vez menores. Pero hoy logró nuevamente mis ganas de vivir, entusiasmo, sueños. Lo que siempre me ha caracterizado. En mi País ésta situación de acoso laboral no parece existir. El acoso para mi no fue sutil, sino absolutamente descarado. Decidí luchar y no huir y las consecuencias muy graves para mi salud emocional. Jamás pasó por mi mente ser como ellos: débil y mediocre. Me recupero ya, lentamente. Pero no pienso quedarme ahí. Superar los miedos no es sencillo, como para permanecer en el campo de batalla el resto de mi vida. Claro que no.
Muchas gracias por su asociación , por su página de Internet y por ayudarme tanto con sus artículos que en todo momento me clarificaron la situación y me ayudaron enormemente. Continúo leyéndolos. Un abrazo muy fuerte para todos.
Cuenten conmigo.