Profesor: Luis Cibanal.
TEMA 3: TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN HUMANA.
3.1. INTRODUCCIÓN
3.2. AXIOMAS DE LA COMUNICACIÓN
A) La
imposibilidad de no comunicar
B) Los niveles de "contenido" y de "relación"
C) La puntuación de la secuencia de hechos
D) Comunicación "digital" y comunicación "analógica"
F) Interacción "simétrica" e interacción "complementaria"
3.3.METACOMUNICACIÓN
3.4.FUNCIÓN Y RELACIÓN: ESENCIA DE LA PERCEPCIÓN
3.5.CIRCULARIDAD DE LAS PAUTAS DE COMUNICACIÓN
INTRODUCCIÓN.
Concepto de
caja negra.
Desde la
perspectiva de la teoría general de sistemas, la familia es un sistema
autocorrector y dinámico y por lo tanto, nuestras observaciones deberán ir
dirigidas tanto hacia las transacciones que suceden en su interior, como hacia
la estructura interna del sistema; dicho de otro modo, lo que nos interesará
será conocer la interacción entre los miembros, sus modos de relación y las
reglas que rigen esa relación. Por el contrario, el pasado, el conocimiento de
los "por qués en las relaciones" y la existencia de víctimas y
verdugos como consecuencia de aplicar el modelo causa-efecto, no poseerá ningún
interés dentro de este enfoque. Todo esto supone un cambio de perspectiva y un
abandono de la investigación intrapsíquica. De todas formas, en el caso de
estudiar las conductas de los individuos, estas deberán ser interpretadas en
función de la influencia que posean en relación con el sistema, y nunca deberán
interpretarse de forma individual. El individuo se considerará como una caja
negra en la que no será necesario entrar para explicar su comportamiento.
El concepto de caja negra se tomó del campo de la telecomunicación y de la
electrónica, donde a veces resultaba más conveniente pasar por alto la
estructura interna de los equipos, dada su complejidad, y centrarse en las
entradas "imputs" y salidas "outputs" de los aparatos.
También es cierto que observando las entradas y salidas del aparato podíamos
hacernos una idea de lo que ocurría dentro o de su estructura interna.
Conocer el contenido de la caja negra, no será esencial para conocer el aparato
(individuo) dentro de un sistema más amplio del que forma parte.
Esta visión modifica el concepto de síntoma ya que no podemos entenderlo como
la expresión de un conflicto interno, sino como el extremo de un iceberg de
patología familiar.
Muchas veces, reenfocar un problema determinado o un síntoma que ha permanecido
intacto tras muchos años de tratamiento profundo, es decir, pasar de los
"porqués" a los "para qués" posiblemente nos permita
obtener una respuesta.
Si tal como hemos comentado antes, toda conducta tiene valor de comunicación,
será necesario empezar por exponer algunos principios básicos de la Teoría de
la Comunicación Humana desarrollados por Watzlawick.
3.2. AXIOMAS
DE LA COMUNICACIÓN
A partir
de los trabajos de Bateson, las investigaciones sobre la teoría de la
comunicación adoptaron un enfoque sistémico, donde toda conducta era concebida
de manera relacionar y representaba una forma de comunicación.
La comunicación posee algunas propiedades de naturaleza axiomático (propuestas
por Beavin, Jackson y Watzlawick) que pasamos a enumerar y que llevan
implícitas consecuencias fundamentales para el estudio de las relaciones.
Un axioma es un enunciado básico que se establece sin necesidad de ser
demostrado. Las dos características que poseen los axiomas son:
indemostrabilidad y evidencia. Los axiomas no son verdaderos ni falsos en si
mismos: son convenciones utilizadas como principios de derivación de los demás
enunciados de una teoría.
Los cinco axiomas que a continuación vamos a mencionar, son propiedades simples
de la comunicación que encierran consecuencias interpersonales básicas.
Watzlawick y colaboradores los han desarrollado concretándolos del siguiente
modo:
A) Es imposible
NO COMUNICARSE.
B) Toda comunicación tiene un nivel de CONTENIDO y un nivel RELACIONAL.
C) La naturaleza de una relación depende de la forma de PUNTUAR 0 PAUTAR LAS
SECUENCIAS de comunicación que cada participante establece.
D. Las personas utilizan tanto la comunicación DIGITAL como la
ANALÓGICA.
E) Todos los intercambios comunicacionales son SIMÉTRICOS o COMPLEMENTARIOS,
según estén basados en la igualdad o en la diferencia.
A. La
imposibilidad de no comunicar
No hay
nada que sea lo contrario de conducta. La no-conducta no existe; es imposible
no comportarse. En una situación de interacción, toda conducta tiene valor de
mensaje, es decir, es comunicación; por eso, por más que uno lo intente, no
puede dejar de comunicar. Actividad o inactividad, palabras o silencio, tienen
siempre valor de mensaje: influyen sobre los demás, quienes a su vez, no pueden
dejar de responder a tales comunicaciones y, por tanto, también comunican.
Por ejemplo: un pasajero en el tren que permanece sentado en su asiento con los
ojos cerrados, o leyendo el periódico, comunica un mensaje: no quiere hablar
con nadie.
La persona puede "defenderse" de la comunicación del otro, mediante
la importante técnica de la descalificación; esto es, puede comunicarse de modo
tal que su propia comunicación o la del otro queden invalidadas. Las
descalificaciones abarcan una amplia gama de fenómenos comunicacionales tales
como autocontradicciones, incongruencias, cambios de tema, tangencializaciones,
oraciones incompletas, malentendidos, interpretaciones literales de la metáfora
e interpretación metafórico de las expresiones literales.
No es sorprendente que habitualmente recurra a este tipo de comunicación todo
aquél que se ve atrapado en una situación en la que se siente obligado a
comunicarse pero, al mismo tiempo, desea evitar el compromiso inherente a toda
comunicación.
Por tanto, la conducta (comunicación) "alienada" no es necesariamente
la manifestación de una mente enferma, sino quizá la única reacción posible
frente a un contexto de comunicación familiar absurdo e insostenible.
B. Los
niveles de contenido y de relación en la comunicación
Toda
comunicación poseerá un contenido (lo que decimos) y una relación ( a quién y
cómo se lo decimos) A través de la comunicación, todos podemos expresar nuestra
forma de ser y la visión de la relación la otra persona.
Una comunicación no sólo transmite información sino que, al mismo tiempo,
impone una conducta o un comportamiento.
El "nivel
de contenido"
de un mensaje transmite "INFORMACIÓN".
El "nivel
de relación"
se refiere a cómo la comunicación sirve para "DEFINIR" el tipo de
relación que quiero establecer con mi interlocutor.
Los expertos en computadoras también se enfrentan con estos dos niveles cuando
se comunican con un "organismo artificial": Por ejemplo, si una
computadora debe multiplicar dos cifras, es necesario "alimentar"
esas dos cifras y "dar la orden" de multiplicar. Necesita, por tanto,
información (DATOS) e información acerca de esa información (INSTRUCCIONES). Es
evidente, que las .instrucciones son de un "tipo lógico" superior al
de los datos: constituyen metainformación puesto que son información acerca de
información.
En la comunicación humana observamos que esa misma relación existe entre los
aspectos de "contenido" y de "relación": el primero
transmite los "datos" de la comunicación, y el segundo,
"cómo" debe entenderse dicha comunicación.
De la misma manera, toda comunicación implicará un compromiso para el que la
recibe, pudiendo rechazar, aceptar o descalificar la comunicación.
Cuanto más espontánea y sana es una relación, más se pierde en el trasfondo el
aspecto de la comunicación vinculado con la relación. Las relaciones
"enfermas" se caracterizan por una constante lucha acerca de la
naturaleza de la relación, mientras que el aspecto de la comunicación vinculado
con el contenido se hace cada vez menos importante. La capacidad para
metacomunicarse en forma adecuada es indispensable de la comunicación eficaz.
Pongamos un ejemplo: Una pareja en terapia de pareja relató el siguiente
episodio. El esposo mientras se encontraba sólo en el hogar, recibió una
llamada de larga distancia de un amigo, quien le manifestó que se encontraba en
esa ciudad durante unos días. El esposo invitó al amigo a pasar esos días en su
casa, sabiendo que ello agradaría a su esposa y que, por lo tanto, ella habría
hecho lo mismo. Sin embargo, cuando la esposa regresó se entabló una violenta
discusión con respecto a la invitación hecha por el marido. Cuando el problema
se examinó en la sesión terapéutica, ambos cónyuges estuvieron de acuerdo en
que esa invitación era la cosa más adecuada y natural. Estaban sorprendidos al
comprobar que, por un lado, estaban de acuerdo y, sin embargo, "de algún
modo" también estaban en desacuerdo con respecto al mismo problema. En
realidad, hay dos problemas en esta disputa. Uno se refiere al contenido de las
conductas adecuadas en una situación específica: la invitación; otro se refiere
a la relación entre los comunicantes -al planteo de quién tenía derecho a tomar
la iniciativa sin consultar al otro- y no podía resolverse tan fácilmente, pues
presuponía la capacidad del marido y la mujer para hablar acerca de su
relación. En su intento de resolver el problema esta pareja cometió un error
muy común en su comunicación: Estaban en desacuerdo en el nivel relacionar,
pero trataban de resolverlo en el nivel de contenido, donde el desacuerdo no
existía, cosa que los conducía a pseudodesacuerdos.
Tal como anteriormente decíamos, las personas, en el "nivel
relacionar" no comunican nada acerca de hechos externos. Una persona
("A") puede ofrecer a la otra ("B"), una definición de sí
misma; es inherente a la naturaleza de la comunicación humana el hecho de que
existan tres respuestas posibles por parte de esta última persona a la
definición de la primera:
a) Confirmación:
La persona
("B") puede aceptar (confirmar) la definición que ("A") da
de sí misma.
Además del mero intercambio de información el hombre tiene que comunicarse con
los demás, a los fines de su autopercepción y percatación. La persona es
incapaz de mantener su estabilidad emocional durante períodos prolongados en
que sólo se comunica consigo misma. Lo que los existencialistas llaman el
,,encuentro" corresponde a esta esfera. Como afirma el célebre filósofo
MARTIN BUBER:
"En la sociedad humana, en todos sus niveles, las personas se confirman
unas a otras de modo práctico, en mayor o menor medida, en sus cualidades y
capacidades personales, y una sociedad puede considerarse humana en la medida
en que sus miembros se confirman entre sí...
La base de la vida del hombre con el hombre es doble, y es una sola: el deseo
de todo hombre de ser confirmado por los hombres como lo que es, e incluso como
lo que puede llegar a ser y la capacidad innata del hombre para confirmar a sus
semejantes de esta manera. El hecho de que tal capacidad esté tan
inconmensurablemente descuidada constituye la verdadera debilidad y
cuestionabilidad de la raza humana: la humanidad real sólo existe cuando esa
capacidad se desarrolla".
b) Rechazo:
Otra posible
respuesta de la persona ("B") frente a la definición que la persona
("A") propone de sí misma consiste en rechazarla. Sin embargo, por
penoso que resulte el rechazo presupone por lo menos un reconocimiento limitado
de lo que se rechaza y, por tanto, no niega necesariamente la realidad de la
imagen que la persona ("A") tiene de sí misma.
c)
Desconfirmación:
Tal como se
observa en la comunicación patológica, la desconfirmación ya no se refiere a la
verdad o falsedad de la definición que la persona ("A") da de sí
misma, sino más bien la persona ("B") niega la realidad de la persona
("A") como fuente de tal definición. En otras palabras, mientras que
el rechazo equivale al mensaje "estás equivocado", la desconfirmación
afirma de hecho: "tú no existes".
LAING cita a WILLIAMS JAMES, quien escribió: "No podría idearse un castigo
más monstruoso, aún cuando ello fuera físicamente posible, que soltar a un
individuo en una sociedad y hacer que pasara totalmente desapercibido para sus
miembros". Tal situación llevaría a la persona a una "pérdida de la
mismidad", que no es más que una traducción del término
"alienación".
C. La
puntuación de la secuencia de hechos.
Para un
observador una serie de comunicaciones puede entenderse como una secuencia
ininterrumpida de intercambios de mensajes. Sin embargo, quienes participan en
la interacción siempre introducen lo que se llama "puntuación de la
secuencia de hechos".
En una secuencia prolongada de intercambios, las personas puntúan la secuencia
de modo que uno de ellos o el otro tiene iniciativa, predominio, dependencia,
etc. Así, a una persona que se comporta de determinada manera dentro de un
grupo, la llamamos "líder" y a otra "adepto", aunque
resultaría difícil decir cuál surge primero o que sería del uno sin el otro. La
falta de acuerdo con respecto a la manera de puntuar secuencia de hechos es la
causa de incontrolables conflictos en las relaciones.
Supongamos que una pareja tiene un problema en el matrimonio al que el esposo
contribuye con su retraimiento pasivo, mientras que la mujer colabora con sus
críticas constantes. Al explicar sus frustraciones, el marido dice que su
retraimiento no es más que la defensa contra los constantes regaños de su
mujer, mientras que ésta dirá que esa explicación constituye una distorsión
intencional de lo que "realmente" sucede en su matrimonio, esto es,
que ella lo critica debido a su pasividad.
Sus discusiones consisten en un intercambio de estos mensajes:
Marido
Mujer
ME RETRAIGO
TE REGAÑO
PORQUE
PORQUE
ME REGAÑAS
TE RETRAES
En la psicoterapia de parejas, a menudo sorprende la intensidad de lo que en la
psicoterapia tradicional se llamaría una "distorsión de la realidad"
por parte de ambos cónyuges. A veces, resulta difícil creer que dos individuos
puedan tener visiones tan dispares de muchos elementos de su experiencia en
común. Y, sin embargo, el problema radica fundamentalmente, en su incapacidad
para metacomunicarse acerca de su respectiva manera de pautar su interacción.
Las discrepancias no resueltas en la puntuación de las secuencias
comunicacionales pueden llevar a 'impasses" interaccionales, en los que
los participantes se hacen acusaciones mutuas de locura o maldad.
Las discrepancias de puntuación tienen lugar en todos aquellos casos en que por
lo menos uno de los comunicantes no cuenta con la misma cantidad de información
que el otro, pero no lo sabe. Así, por ejemplo, una persona escribe una carta a
otra proponiéndole pasar unas vacaciones con ella. Esta segunda persona acepta,
pero su carta no llega a destino. Después de un tiempo, la primera llega a la
conclusión de que la otra no ha tenido en cuenta su invitación, y decide no
interesarse más por ella. Por otro lado, la otra persona se siente ofendida
porque no tuvo contestación a su carta con la que esperaba más detalles, y
también decide no establecer nuevo contacto. A partir de ese momento, el
malestar silencioso puede durar eternamente, a menos que se decidan a averiguar
qué sucedió con sus comunicaciones, es decir, que comiencen a metacomunicarse.
En este caso, un hecho exterior fortuito interfirió la congruencia de la
puntuación.
Estos casos de comunicación patológica constituyen círculos viciosos que no se
pueden romper a menos que la comunicación misma se convierta en el tema de
comunicación (metacomunicación). Pero para ello tienen que colocarse afuera del
circulo.
Se observa en estos casos de puntuación discrepante un conflicto acerca de cuál
es la causa y cuál el efecto, cuando en realidad ninguno de estos conceptos
resulta aplicable debido a la circularidad de la interacción.
El concepto de la "profecía autocumplidora" constituye un fenómeno
interesante en el campo de la puntuación. Por ejemplo, una persona que parte de
la premisa "todos me odian", se comporta, tal vez, con agresividad,
ante lo cual es probable que los demás reaccionen con desagrado, corroborando
así su premisa original. Lo que caracteriza la secuencia y la convierte en un
problema de puntuación, es que el individuo, considera que él sólo está
reaccionando ante esas actitudes, y no que las provoca.
D.
Comunicación "digital" y "analógica"
Lenguaje:
a) digital: el que se transmite a
través de símbolos lingüísticos o escritos, y será el vehículo del contenido de
la comunicación.
b) Analógico: vendrá determinado por la
conducta no verbal (tono de voz, gestos, etc) y será el vehículo de la
relación.
Funciones: transmitir información.
Definir la relación entre los comunicantes, lo que implica una información
sobre la comunicación, es decir, una "metacomunicación". Esta
comunicación servirá para definir la relación cuando la comunicación haya sido
confusa o ambivalente
En la comunicación humana es posible referirse a los objetos de dos maneras
totalmente distintas. Se los puede representar por un símil, tal como un
dibujo, o bien mediante un nombre. Estos dos tipos de comunicación, uno
mediante una semejanza autoexplicativa y, el otro, mediante una palabra, son
equivalentes a los conceptos analógicos y digitales.
En la comunicación digital, la palabra es una convención semántica del.
lenguaje; no existe correlación entre la palabra y la cosa que representa, con
la posible excepción de las palabras. onomatopéyicas. Como señalan BATESON y
JACKSON: "No hay nada" parecido a cinco en el número cinco; no hay
nada particularmente "similar a mesa" en la palabra mesa. Por otro
lado, en la comunicación analógica hay algo particularmente "similar a la
cosa" en lo que se utiliza para expresaría.
La comunicación analógica tiene sus raíces en períodos mucho más arcaicos la
evolución y, por tanto, encierra una validez mucho más general que el modo
digital de la comunicación verbal, relativamente reciente y mucho más
abstracto.
La comunicación analógica coincidiría con la comunicación no verbal,
entendiendo por comunicación no verbal: los movimientos corporales (kinesia),
la postura, los gestos, la expresión facial, el ritmo, la cadencia de las
palabras, el silencio y los indicadores comunicacionales que aparecen en el
contexto.
El ser humano se comunica de manera digital y analógica. De hecho, la mayoría
de los logros civilizados resultarían impensables sin el desarrollo de un
lenguaje digital. Ello asume particular importancia en lo que se refiere a
compartir información acerca de los objetos. Sin embargo, existe un vasto campo
donde utilizamos en forma casi exclusiva la comunicación analógica, se trata
del área de la relación. Así pues, el aspecto relativo al "nivel de
contenido en la comunicación se transmite en forma digital, mientras que el
"nivel relativo a la relación" es de naturaleza predominantemente
analógica.
En su necesidad de combinar estos dos lenguajes, el hombre, sea como receptor o
como emisor, debe traducir constantemente de uno al otro. En la comunicación
humana la dificultad inherente a traducir existe en ambos sentidos. No sólo
sucede que la traducción del modo digital al analógico implica una gran pérdida
de información, sino que lo opuesto también resulta sumamente difícil: hablar
acerca de una relación requiere una traducción adecuada del modo analógico de
comunicación al modo digital.
Al emisor no sólo le resulta difícil verbalizar sus propias comunicaciones
analógicas, sino que, si surge una controversia interpersonal en cuanto al
significado de una comunicación analógica particular, es probable que
cualquiera de los dos participantes introduzca en el proceso de traducción al
modo digital, la clase de digitalización que concuerde con su imagen de la
naturaleza de la relación. El hecho de traer un regalo, por ejemplo, constituye
sin duda una comunicación analógica. Pero según la "visión" que tenga
de su relación con el dador, el receptor puede entenderlo como una demostración
de afecto, un soborno, o una restitución.
La psicoterapia se ocupa sin duda de la digitalización correcta y correctivo de
lo analógico; de hecho, el éxito o el fracaso de una interpretación depende de
la capacidad del
terapeuta para traducir un modo al otro y de la disposición del paciente para
cambiar su propia digitalización por otra más adecuada y menos angustiante.
En la comunicación patológica observaremos incongruencias entre lo digital y lo
analógico. Una persona puede estar diciendo (digital) . No estoy
enfadado", y sin embargo, su tono de voz, su expresión facial y sus gestos
expresan auténtica agresividad (analógico).
E.
Interacción simétrica y complementaria
Todas
las relaciones podríamos agruparlas en dos categorías: o son COMPLEMENTARIAS 0
SIMÉTRICAS.
En el primer caso, la conducta de uno de los participantes complementa la del
otro; en el segundo caso, los participantes tienden a igualar especialmente su
conducta recíproca. Son relaciones basadas en la diferencia (complementarias),
o en la igualdad (simétricas).
En una relación complementaria hay dos posiciones distintas. Un participante
ocupa lo que se a descrito de diversas maneras como la posición superior o
primaria mientras el otro ocupa la posición correspondiente inferior o
secundaria. Estos términos son de igual utilidad en tanto no se los identifique
con "bueno" o "malo", "fuerte" o
"débil". Una relación complementaria puede estar establecida por el
contexto social o cultural (como en los casos de madre e hijo, médico y
paciente, maestro y alumno), o ser el estilo idiosincrásico de relación de una
díada particular. En cualquiera de los dos casos, es importante destacar el
carácter de mutuo encaje de la relación en la que ambas conductas, disímiles
pero interrelacionadas, tienden cada una a favorecer a la otra. Ninguno de los
participantes impone al otro una relación complementaria, sino que cada uno de
ellos se comporta de una manera que presupone la conducta del otro, al mismo
tiempo que ofrece motivos para ella: sus definiciones de la relación encajan.
Las relaciones complementarias patológicas, el psicoanálisis las denomina
relaciones "sadomasoquistas" y las entiende como una ligazón entre
dos individuos cuyas respectivas formaciones caracterológicas alteradas se
complementan. Otros autores emplean distintos conceptos: LIDZ: "sesgo
marital"; SCHEFLEN:"horrenda pareja"; LAING:
"connivencia". En tales relaciones observamos un sentimiento
progresivo de frustración y desesperanza en los dos participantes o en uno de
ellos. Estos individuos fuera de sus hogares (o en ausencia de sus parejas) son
capaces de funcionar en forma perfectamente satisfactoria y que, cuando se los
entrevista individualmente, pueden dar la impresión de estar bien adaptados.
Este cuadro a menudo cambia dramáticamente cuando se los observa en compañía de
su "complemento": entonces se hace evidente la patología de la relación.
En una relación simétrica no existen dos posiciones ya que está basada en la
igualdad. La relación simétrica puede estar definida por el contexto social,
como por ejemplo, la relación entre hermanos, entre amigos, entre marido y
mujer, etc. También puede ser el estilo propio de una díada particular.
En la relación simétrica existe el peligro de la competencia o rivalidad.
Cuando se pierde la estabilidad en una relación simétrica, se produce una
"escapada" de uno de los miembros; el otro intentará equilibrar la relación,
produciéndose, a partir de aquí, el fenómeno conocido como "escalada
simétrica".
Los conceptos de complementariedad y simetría se refieren simplemente a dos
categorías básicas en las que se puede dividir a todos los intercambios
comunicacionales. Ambas cumplen funciones importantes y, por lo que se sabe por
las relaciones sanas, cabe llegar a la conclusión de que ambas deben estar
presentes, aunque en alternancia mutua o actuando en distintas áreas. Ello
significa que cada patrón puede estabilizar al otro siempre que se produzca una
escapada en uno de ellos; así mismo, es posible y necesario, que los dos
participantes se relacionen simétricamente en algunas áreas y de manera
complementaria en otras.
3.3. METACOMUNICACIÓN
En el
lenguaje podemos distinguir el lenguaje-objeto y el metalenguaje.
El lenguaje-objeto es aquél que "se usa"; mientras que el
metalenguaje es aquél con el que "se habla" del anterior. Así, por
ejemplo, en una gramática inglesa para estudiantes castellanos, el
lenguaje-objeto es el inglés, y el metalenguaje el castellano.
Es sintáctica y semánticamente correcto escribir: BARCELONA ES UNA GRAN CIUDAD,
pero sería incorrecto escribir: BARCELONA TIENE CUATRO SILABAS, pues en este
caso deben utilizarse comillas: "BARCELONA" TIENE CUATRO SILABAS. La
diferencia entre estos dos usos de la palabra radica en que en la primera
aseveración, la palabra se refiera a un objeto (una ciudad), mientras que en el
segundo caso, esa misma palabra se refiere a un nombre (que es una palabra) y,
por tanto, a sí misma.
Cuando dejamos de utilizar la comunicación para comunicarnos, y la usamos para
comunicar algo acerca de la comunicación, cosa que es inevitable cuando
investigamos sobre la comunicación, utilizamos conceptualizaciones que no son
parte de la comunicación, sino que se refieren a ella, y en ese momento nos
estamos metacomunicando.
3.4. FUNCIÓN
Y RELACIÓN: ESENCIA DE LA PERCEPCIÓN
Para los
matemáticos griegos, los números eran magnitudes concretas, reales,
perceptibles, entendidas como propiedades de objetos, igualmente reales. Así la
geometría se ocupaba de medir y la aritmética, de contar. La idea de que los
números constituían la expresión de magnitudes predominó hasta 1591, año en el
que VIETA introdujo las letras como notación en lugar de los números. De este
modo, la idea de los números como magnitudes discretas quedó relegada a un
lugar secundario, y nació el poderoso concepto de variable.
Las variables no tienen significado propio, sino que sólo resultan
significativas en su relación mutua. La relación entre variables (expresadas,
por lo común, como una ecuación) constituyen el concepto de función.
Existe un interesante paralelismo entre el surgimiento del concepto matemático
de función y el despertar de la psicología al concepto de relación. Durante
largo tiempo se concebía la mente como una serie de propiedades o
características de las que el individuo estaba dotado en mayor o menor grado,
tal como contaba con un cuerpo esbelto o robusto, con cabello pelirrojo o
rubio, etc. A final del siglo pasado empezó la era de la psicología
experimental que trajo consigo la introducción de un vocabulario mucho más
refinado aunque no esencialmente distinto en un aspecto: seguía estando
constituido por conceptos singulares y no muy relacionados. Tales conceptos
eran los de las "funciones psíquicas", lo cual fue desafortunado,
porque no están relacionados con el concepto matemático de función y quienes
los utilizaban no se proponían referirse a él. Como se sabe, las sensaciones,
percepciones, la atención, la memoria y varios otros conceptos se definían como
tales funciones, y se realizó y todavía se realiza, un enorme trabajo para
estudiarlas en aislamiento artificial.
Cuando el vocabulario de la psicología experimental se extendió a los conceptos
interpersonales, el-lenguaje de la psicología siguió siendo monádico. Conceptos
tales como liderazgo, dependencia, extraversión e introversión, y muchos otros,
se convirtieron en el objeto de detallados estudios. Desde luego, el peligro
consiste en que todos estos términos asuman una pseudorealidad propia si se los
piensa y se los repite durante bastante tiempos y la construcción teórica
"liderazgo" se convierte por fin en LIDERAZGO, una cantidad
mensurable en la mente humana, concebida como un fenómeno en aislamiento. Una
vez que se produce esta cosificación, ya no se reconoce que el término no es
más que una expresión que sintetiza una forma particular de relación en curso.
Los niños aprenden en la escuela que el movimiento es algo relativo que sólo
puede percibiese en la relación con un punto de referencia. Lo que solemos
dejar de lado es que ese mismo principio rige virtualmente para todas las
percepciones y, por lo tanto, para la experiencia que el hombre tiene de la
realidad. Las investigaciones sobre los sentidos y el cerebro han demostrado
acabadamente que sólo se pueden percibir relaciones y pautas de relaciones, y
que ellas constituyen la esencia de la experiencia. Así, un sonido constante e
invariable es difícil de percibir e incluso puede volverse inaudible. Y si se
desea explorar la dureza y textura de una superficie, el sujeto no sólo
colocará el dedo sobre ella, sino que lo moverá hacia uno y otro lado, pues si
el índice permaneciera inmóvil no se podría obtener ninguna información útil.
Así pues, la esencia de nuestras percepciones no son "cosas" sino
funciones, y éstas no constituyen magnitudes aisladas sino "signos que
representan una conexión ... una infinidad de posiciones posibles de carácter
similar..." Siendo esto así, no debe sorprendernos que incluso la
percepción que el hombre tiene de sí mismo sea, en esencia, una percepción de
funciones, de relaciones en las que participa, por mucho que después quiera
cosificar esa percepción.
3.5.
CIRCULARIDAD DE LAS PAUTAS DE COMUNICACIÓN
En el
modelo clásico de la ciencia pura, se considera que la causalidad es lineal. En
cualquier situación dada, se nos enseña a entender la "causa" de un
11 efecto" alterando las variables una por una hasta que se aísla el
factor que produce el hecho particular. Sin embargo si se trabaja a partir de
la premisa de que los aspectos significativos de un sistema sólo pueden
comprenderse examinando el sistema como una "totalidad", se hace
necesario considerar la etiología desde un punto de vista diferente.
Si bien en las cadenas progresivas lineales de causalidad, tiene sentido hablar
acerca del comienzo y el fin de una cadena, tales términos carecen de sentido
en los sistemas con circuitos de retroalimentación. En un círculo no hay
comienzo ni fin. En el mundo no es posible encontrar el claro y lineal
ordenamiento de causa y efecto, a menos que se lo imponga artificialmente. La
teoría general de sistemas considera que la causalidad es un proceso circular.
Mientras que en algunos tratamientos, como el psicoanalítico, la curación y el
cambio provienen del conocimiento de ciertos sucesos traumáticos de la
infancia, la curación y el cambio en la terapia familiar provienen
fundamentalmente de examinar cómo opera corrientemente el sistema familiar y de
comprender la función que los problemas desempeñan en los procesos orientados
hacia un objetivo, presentes en la existencia ordinaria del sistema.
Teóricamente, el concepto de causalidad lineal implica que la línea etiológica
se desplaza del pasado hacia el presente, y de este hecho proviene la necesidad
de retroceder hasta el comienzo de la sucesión de los hechos para poder
comprenderlos; cuando se utiliza el concepto de causalidad circular, se
enfatiza el "aquí y ahora", porque es aquí y ahora cuando todo el
círculo puede verse operando. Como una escalera en espiral, el presente vuelve
a actuar el pasado de modo tal que el significado debe buscarse dentro de los
límites de los procesos actuales del sistema. El pasado se transforma en
redundante, y el punto de partida del terapeuta familiar pasa a ser la ecología
antes que la génesis.
Bibliografía: