La envidia
es un sentimiento que, una vez adquirido, acarrea consecuencias muy poco
deseables para el individuo. Por ello, es conveniente tener en cuenta una serie
de recomendaciones que pueden ayudar a prevenirlo.
La envidia es consecuencia de dos procesos psicológicos necesarios para el
desarrollo de los seres humanos: el deseo y la comparación. Para prevenir la
envidia no se pueden suprimir dichos procesos, sino que deben controlarse sus
efectos.
Para que los dos procesos mencionados produzcan una envidia sana, conviene
desarrollar habilidades que ayuden a comprender lo que se siente y por qué se
siente; convertir el malestar emocional producido por la envidia en un
motor para conseguir lo que uno desea tener, y controlar la hostilidad que
dicha situación puede generar, evitando que deteriore las relaciones con los
demás.
La envidia es incompatible con la empatía, que desempeña un papel
importante en el desarrollo de la comprensión de uno mismo y de los otros. Para
prevenir la envidia es importante tratar de estimular la empatía y, a través de
ella, la capacidad para ponerse en el lugar del otro.
La envidia se produce siempre en situaciones que son vividas como una
amenaza. Por eso, para prevenirla es preciso favorecer la confianza básica
en uno mismo y en los demás, desarrollar expectativas y modelos positivos sobre
las relaciones sociales, y adquirir habilidades para responder a la tensión
emocional.
La envidia se produce casi siempre hacia personas que ocupan posiciones próximas,
en relaciones que se esperan de igualdad, pero que se convierten en relaciones
de desigualdad, en las que se ocupa una posición inferior que no se acepta. Por
eso, para prevenir la envidia es preciso establecer desde la infancia
relaciones adecuadas con los iguales.