DOWGLAS REYES
PALMA.-Ir a trabajar puede
convertirse en un auténtico calvario
para aquellas personas que padecen acoso
moral o psicológico en el trabajo,
fenómeno popularmente conocido como
mobbing y del que cada vez se
registran más casos.
Según los expertos, un 15% de la
población española activa sufre algún
tipo de acoso laboral, lo que en el caso
de Baleares se traduce en unas 60.000
personas, de acuerdo a una extrapolación
realizada por el Colegio de Psicólogos
de Baleares, a partir de los datos del
Barómetro Cisneros de la Universidad de
Alcalá de Henares.
La palabra mobbing deriva del
verbo inglés «To mob» (atacar con
violencia) prestado de la Etología,
donde fue introducido por Konrad Lorenz
para referirse al comportamiento
agresivo de algunas especies de pájaros
contra sus contendientes.
La primera persona que estudió el
mobbing como violencia psicológica
en el sitio de trabajo fue el psicólogo
alemán Heinz Leymann, quien en el año
1986 describió en un libro las
consecuencias, sobre todo en la esfera
psíquica, de las personas expuestas a un
comportamiento hostil y prolongado en el
tiempo por parte de los superiores o
compañeros de trabajo.
Los estudios que han seguido la línea
de trabajo de Leymann coinciden en que
las víctimas del acoso laboral suelen
ser personas con un elevado sentido de
la ética, capacitadas para su trabajo y
con iniciativa, mientras que los
acosadores se caracterizan por no tener
sentido de la culpa, no ser trabajadores
eficaces y por buscar constantemente el
respaldo de la dirección de la empresa.
La envidia
«El origen del acoso moral es la
envidia. De ahí que sean los
trabajadores más destacados los más
afectados. Una propuesta de mejora hecha
por un subordinado, podría generar este
fenómeno. El superior cree que su
subalterno quiere hacerle sombra e
intenta hacerlo desaparecer a toda
costa. Es en el terreno de la
manipulación humana donde el agresor se
siente fuerte; es el poder del
mediocre», sentencia Ricardo
Pérez-Accino, secretario de la
Asociación No al Acoso Moral en el
Trabajo en las Islas Baleares (Anamib).
Aunque en la mayoría de los casos
predomina el mobbing vertical
descendente, en el que el superior
presiona y hostiga a su subordinado,
también pueden darse casos de mobbing
horizontal, esto es el acoso moral entre
los compañeros de trabajo, o de vertical
ascendente, en el cual varios empleados
se unen para excluir a su jefe. Al fin y
al cabo, el mobbing no es otra
cosa que «un juego de poderes», resume
Silvia Weimbaun, psicóloga de Anamib.
Los síntomas de que se está padeciendo
acoso laboral son evidentes. Un claro
ejemplo, según los expertos, lo componen
los ataques con medidas
organizacionales: el superior limita las
posibilidades de comunicación del
trabajador, cambia su ubicación
separándole de sus compañeros, no le
asigna tareas o bien le encomienda
trabajos degradantes o en contra de su
conciencia, y juzga el trabajo que
desempeña de manera ofensiva.
Los ataques, que pueden incluir
agresiones verbales o violencia física,
también pueden ir dirigidos a las
relaciones sociales o a la vida privada
del trabajador, acosando mediante terror
telefónico, intentando que el acosado
quede como un estúpido ante los demás o
mofándose de sus gestos, su voz e
incluso su nacionalidad.
Con todo, muchas veces las víctimas
del acoso psicológico tardan en tomar
conciencia de su situación. Según las
conclusiones extraídas en las Jornadas
de Educación Social sobre Mobbing
que Amadib celebró el pasado mes de
marzo, la persona que sufre mobbing
«cree que está solo y que tiene la
culpa; no sabe explicar lo que le pasa
porque en ocasiones se trata de
estrategias sutiles y ambiguas».
Durante estas jornadas, los
especialistas también hicieron hincapié
en que mujeres y jóvenes son los
colectivos sociales más afectados por el
acoso psicológico en el trabajo, «sobre
todo porque el mobbing está
estrechamente ligado a la precariedad
laboral», y alertaron de las
consecuencias físicas y psicológicas que
puede desencadenar una situación de
acoso prolongada.
Y es que el trabajador afectado puede
experimentar sentimientos de ansiedad,
apatía y problemas de concentración.
Además, esta situación puede generar
adicciones como drogodependencias y en
casos extremos, depresión y trastornos
paranoides o suicidas. A nivel físico,
se pueden llegar a padecer desde dolores
hasta trastornos funcionales, mientras
que a nivel social es posible que el
acosado empiece a mostrarse muy
susceptible a la crítica, con actitudes
de desconfianza, aislamiento e incluso
agresividad.
Vía penal
Ante la Ley el mobbing es sólo
una «vulneración de los derechos de los
trabajadores», no un acto de violencia
psicológica. Por lo que en la mayoría de
los casos la víctima de mobbing tampoco
puede resolver su problema por la vía
penal. En este sentido, Pérez-Accino
reclama la utilización de «la defensa
legal de forma terapéutica, que después
del juicio la persona afectada salga
mejorada, no más hundida que antes».
«Una persona muy afectada se puede
presentar delante de un juez y éste
pensar que el del problema es él, no el
empresario. El mobbing es un
trato discriminatorio, una práctica
sutil que resulta difícil demostrar
porque hay que basarse en un conjunto de
pruebas y no hay quien testifique a
favor del acosado», explica Pérez
Accino.
Claro que la solución tampoco pasa
por ganar un pleito, admite por su parte
la presidenta de la asociación No al
Acoso Moral en el Trabajo en las Islas
Baleares, Maria Girao. Puedes ganar un
juicio y en tu trabajo continuar el
acoso. De hecho, apunta Girao, «es
frecuente que como consecuencia de la
denuncia la cuestión se agrave y el
trabajador se vea automaticamente
expedientado, con los argumentos más
curiosos: ha vulnerado el derecho y el
honor de la persona acosadora».
Para combatir esta lacra social,
surgió hace dos años la Asociación No al
Acoso Moral en el Trabajo en las Islas
Baleares (Anamib), con sede en el número
4 de la calle Martí Cuesta. Esta entidad
atiende al año alrededor de 70 personas,
prestando una serie de servicios que
van, en palabras de su presidenta,
«desde el simple hecho de hacerle
visible el problema [el acoso moral] al
afectado hasta acompañarle en cada uno
de los trámites que supone la resolución
de este tipo de situación: inspecciones
laborales, médicas, entrevistas con los
abogados, etc.».
Anamib, además, imparte semanalmente
conferencias sobre diferentes aspectos
relacionados con el mobbing. «En estas
charlas, que ofrecemos cada lunes, se
tocan temas jurídicos, sociológicos,
psicológicos y médicos, a fin de
proporcionar a los afectados los
recursos necesarios para afrontar el
acoso psicológico en el ámbito laboral»,
explica Girao.
La presidenta de Anamib lamenta que
las administraciones no le apoyen en su
lucha contra el acoso psicológico.
Recuerda que esta cuestión tiene un
coste social muy alto, ya que «las bajas
más largas son por depresión, muchas de
ellas por acoso moral en el trabajo, y
eso lo estamos pagando todos». Según los
miembros de Anamib, «el dinero destinado
a estas cuestiones se mueve a través de
los sindicatos y del Instituto de Salud
Laboral de las Islas Baleares (Inslib),
quedando nosotros al margen de estas
ayudas».
«Estas personas realizan estudios,
cursos de formación de profesionales,
pero, que sepamos, no tienen área de
atención a las víctimas de mobbing
como nosotros. De hecho, los centros de
salud nos derivan los casos de trastorno
por acoso psicológico laboral. No deja
de ser cachondo que sea quien tiene el
dinero quien nos envíe a los afectados»,
razona la presidenta de Anamib.