Lo que un científico puede enseñarle a un juez. Dra. Dª.  María Antonia Azcarate Mengual

Inicio/Colaboraciones/Lo que un científico puede enseñarle a un juez. Dra. Dª.  María Antonia Azcarate Mengual
Lo que un científico puede enseñarle a un juez. Dra. Dª.  María Antonia Azcarate Mengual 2017-04-07T09:51:49+00:00
LO QUE UN CIENTÍFICO PUEDE ENSEÑARLE A UN JUEZ

Autora: María Antonia Azcárate
Mengual. Mayo 2008. Madrid.

Señor juez: Son las 2 y media de
la madrugada y no me puedo dormir. Pienso y vuelvo a pensar en tantas
víctimas que, como yo, recurrieron a la justicia buscando lo que su nombre
anuncia pero no lo encontraron. Aun así, como mi trabajo era el de
cuidador en materia de salud y a pesar de que mi profesión me fue
arrebatada con violencia psicológica, de esa que algunos equivocadamente
piensan que no deja rastro, algo de ese poso de ayuda vocacional quedó en
mí y desde la ciencia le quiero y le puedo ayudar, sabiendo que si lo
consigo, habré ayudado a otros tantos que vendrán detrás de mí y, así, tal
vez, entre usted y yo, entre todos, podamos parar esta espiral de
violencia o aminorar sus daños.

Señor juez, cuando una víctima de
mobbing decide recurrir a la justicia, es de recibo que la justicia deberá
estar preparada para atender su reclamación. Se que parece una
perogrullada pero permítame explicarme:

Una de las características que
padece una víctima con un Trastorno de Estrés Postraumático secundario a
la vivencia continuada (algunos lo cifran en un mínimo de una semanal
durante al menos 6 meses) de agresiones verbales o modales en el trabajo o
mobbing, es la imposibilidad de hacerse entender correctamente cuando
intenta contar su historia. Esto es debido a tres razones fundamentales:

1. alteración de la memoria
declarativa verbal: se refiere a la habilidad consciente de recordar y
reproducir eventos y hechos. Se guarda de forma temporal en una zona del
cerebro llamada hipocampo junto con las emociones que se sintieron en el
momento de generarse el suceso, y de ninguna manera emoción y recuerdo
pueden separarse mientras esta memoria, llamada emocional, no sea
recolocada en su destino definitivo en la corteza cerebral frontal. Esta
memoria no es racional o inteligente, es atemporal, no reconoce el tiempo
ni el espacio en que se generó. Cada vez que es solicitada o recordada,
vuelve con la misma carga emocional que produjo en un principio. La
víctima no puede evitar llorar, sentir miedo, impotencia o desolación.

2. alteración de la working memory:
está situada en la corteza prefrontal y nos da información del
conocimiento general del mundo. Su correcto funcionamiento permite evitar
estímulos distractores. Además incluye el área de Broca, donde reside el
lenguaje verbal. Es la memoria racional o intelectual que nos permite un
comportamiento efectivo y organizado. En una víctima esta región del
cerebro funciona peor y no cumple la función de frenar a:

3. una respuesta emocional
exagerada: debida a una hiperreactividad de la amígdala cerebral. Hace que
no se extinga el miedo.

Es enormemente penoso para aquel
que haya padecido este trastorno (usted mismo señoría habrá sido testigo
en su sala), sentir la impotencia de no poder verbalizar con coherencia
aquello que te ocurrió. Por eso es de vital importancia reconocer esta
dificultad y poder ensayar otros procedimientos para comunicar lo
sucedido. Uno podría ser aceptar su relato escrito. Se que esto desanima a
abogados que ven minimizada su función y a jueces que a priori parecen
rechazar demandas muy voluminosas, argumentando la escasez de tiempo del
que disponen. Pero hay que recordar que la propia definición del fenómeno
del acoso laboral se basa en actos sutiles de violencia psicológica que
dañan no tanto por la intensidad puntual sino por la persistencia de estas
conductas violentas tantas veces descritas en la bibliografía. No se puede
argumentar una sentencia justificando que unos hechos aislados no prueban
acoso, cuando la misma naturaleza del procedimiento no ve con buenos ojos
extenderse en el argumento de la demanda. Tampoco parece de recibo querer
contar una historia hecha de múltiples agravios, humillaciones, rechazos,
etc, extrayendo tan sólo aquellos que se puedan probar, porque, aunque
algunos suele haber, no permiten por sí solos contar la historia y además
no tienen porqué coincidir, a los ojos del jurista que la redacta, con los
más dañinos para la víctima.¿Alguno de nosotros entendería que un médico
rechazara leer toda la documentación de un paciente argumentando que eran
muchos folios y que no tenía tiempo?

La víctima tiene derecho a ser
escuchada, entendiendo sus limitaciones. Igual que ocurre en los delitos
de abuso sexual a menores en los que se sabe que un menor no habla ante
.los señores vestidos de negro. o que nunca acusaría a personas de su
propia familia.

Este conocimiento debe trasladarse
a los juzgadores. Son ellos los que tienen que adaptarse para salvaguardar
el derecho de las víctimas a la justicia.

Señor juez, el conocimiento
científico también ha avanzado, sobremanera, en este campo de la medicina
y de la psicología hasta puntos donde uno se sobrecoge. Gracias a la
investigación científica y a la neurociencia, somos capaces de explicar la
fisiopatología de muchas enfermedades antiguamente llamadas .mentales,
denominación que no hacía más que estigmatizar al que las padecía. Además,
este conocimiento nos permite afinar su diagnóstico de forma certera, sin
que dependa tanto de la habilidad o de la torpeza del que realiza el
diagnóstico y, lo más importante, nos permite diferenciar estas patologías
de otras con las que se puede confundir, pero sobre todo con la
simulación, facilitando así de forma notable la tarea al juzgador.

Señoría, errar en el diagnóstico
por desconocer la fiabilidad de las pruebas biológicas es una falta grave
si la comete el profesional sanitario, puesto que tiene la obligación y el
compromiso de estar al día en los avances de su profesión, pero cuando el
error lo comete el juzgador es una doble falta puesto que se atribuye una
capacidad que no tiene para emitir este tipo de diagnósticos y además,
desoye al profesional, que sí está preparado para emitirlos.

No es lo mismo, especialmente para
una víctima de mobbing, tener un trastorno de estrés postraumático
secundario que un cuadro ansioso depresivo. Hoy en día existen pruebas
sencillas biológicas que permiten decir una cosa y no la otra. Ignorarlo
es revictimizar de nuevo, volver a colocar al agredido en una posición de
indefensión.

Concluyo mi carta, señoría, con
todo el respeto que me inspira su figura, resumiendo los dos aspectos
fundamentales que deben ser tenidos en cuenta, a mi juicio como médico, y
reconsiderados en los juicios por mobbing:

1. Reclamar la importancia que
tiene para el correcto entendimiento de lo que se pretende enjuiciar, el
derecho de la víctima a contar su historia sin las imitaciones propias que
provoca este tipo de violencia. Hay que permitir al acosado contar su
experiencia, cómo se sintió, cuánto duró.De la mejor manera que él crea
que puede hacerlo. Luego, el abogado, incidirá en aquellos puntos que se
puedan probar, sin olvidar que es la suma de todos los hechos, junto con
la falta de apoyo de la institución laboral y su mala organización
factores interdependientes que contribuyen a la consecución de este tipo
de delitos.

2. El Trastorno de Estrés
Postraumático, daño que padecen muchas víctimas de acoso laboral, es una
patología neuropsicoendocrinoinmunológica. Existen pruebas biológicas
sencillas, fiables y repetibles que permiten emitir diagnósticos certeros,
basados en la evidencia científica, por lo que no parece razonable ser
ignoradas, cuando son aportadas en la probatoria de un juicio, por
profesionales cualificados para emitirlos. A lo sumo el juzgador, si lo
considera necesario, deberá profundizar en el estudio de su entendimiento,
ayudado por los técnicos que le facilita la administración.

Si entre todos conseguimos contar
la historia y probar el daño, seguro que estaremos contribuyendo a frenar
el avance de esta devastadora violencia.