el vitral

el vitral 2017-08-08T20:04:07+00:00

   El vitral 

A la salida del funeral había pasado la lluvia y ya no hacía tanto frío en la calle, pero no se quedaba la gente fuera saludándose como he visto otras veces dentro de la iglesia. Los de su familia, en el primer banco, estaban más que tristes como cansados. Tenían en sus caras más agotamiento que pena y desde luego en este caso no se puede decir que haya sido una larga enfermedad, bueno, al menos el final ha sido rápido. No tengo confianza con ellos así que me he quitado del medio, como he estado destinado fuera un tiempo… pero si he podido ver que eran pocos los que de la oficina se han acercado al pésame. Era curiosa la distribución en la iglesia, delante la familia, después muchas filas de bancos con poca gente y en los últimos del final algunos compañeros de trabajo, pocos y separados. Dentro no han cruzado palabra, fuera apenas unos gestos de despedida con la cabeza… y nada más. Así damos la despedida a un compañero. ¡Que frío resulta todo cuando lo ves desde fuera!

La verdad es que hubiese podido ir pero con el partido del chaval a la misma hora y a falta de dos jornadas para ganar el campeonato, el crío no me lo hubiera perdonado nunca. Eso de lo que me libro porque ¡anda que no está siendo desagradable esta historia! ¡joder! Mal ya se veía que iba a acabar, pero esta manera de morir, ¡qué horror! Cuanto antes pasemos página mejor. Una vez, cuando ya estaba mal me pidió ayuda, ¿Por qué no se la pidió a sus amiguetes, a esos que andaban para dentro y para fuera con él cuando estaba arriba?, si ellos no le ayudaron, ¿por qué iba a hacerlo yo? Nunca he sido nadie en la oficina porque no he querido serlo, vivo muy bien lejos de toda esa mierda que se cuece ahí adentro. He renunciado a todos los laureles desde siempre precisamente por no entrar en guerras, y viene este y me dice que si le firmo una declaración de no se qué, que si lo están jodiendo, que si le ayude con su lío, ¡venga ya hombre! Es verdad que él cuando era alguien, hace tiempo, era buen tío y no me dejo tirado nunca, daba la cara, ¿y de que le sirvió? Yo no seré tan popular pero no me ha hecho nunca falta, ya me lo dijo mi padre hace muchos años, no te metas en líos, no te hagas notar, fue cuando me fui a la mili y es de los consejos que mejor he ido entendiendo con los años, no sobresalgas, ni de los buenos ni de los malos, tú del montón. Tendrá o no que ver, pero yo hoy estoy aquí… el ya no está.

Los demás no lo han reconocido nunca pero yo sé que tuvieron tanto miedo como yo, aunque tampoco yo lo dije, la verdad . Parece que pronunciar la palabra miedo hace que se dispare aun más el temor. Bueno una vez sí que se lo dije a él, solo a él lo he contado: tengo miedo que me hagan lo que a ti, le dije, algún día cometeré un error y él me estará esperando. Fue cuando aún pedía ayuda a algunos, luego se dejó, y después empezaron los fantasmas en su cabeza, las locuras. Aún recuerdo cuando la cagué, muchos años antes, cómo me echó una mano, se la jugó y yo salí del trago… y ni siquiera me volvió nunca a hablar de aquello. Chaval has muerto solo y loco, pero yo sí me acordaré de ti aunque no lo diga a nadie.

¡Huy pero cómo se me ha hecho tan tarde! Y es que con lo del Corty y la compra del viernes se me ha pasado la tarde en un pis pas. La verdad es que si me cogiera un taxi aún llegaba a la iglesia pero total, para lo que va a haber allí casi que me ahorro el trago, porque ¡hijo mío! vaya unos días que llevamos con esta historia, a ver si termina de una vez que no puedo ni concentrarme en otra cosa…Tampoco se notará si estoy o no, entre que habrá mucha gente y entre que no estará el evento como para hacer sociales, ni se darán cuenta. No soy tan importante como para que me echen de menos.

No se debe hablar mal de los muertos pero la verdad es que el muy cabrón bien me la jugó. Yo era aquí el number one y tuvo que venir este menda, a joderlo todo, con esos aires de suficiencia, de experto de currao en todas las batallas, pues mira en esta ultima te has quedao, al final no eras ni tan experto ni tan duro ni nada de nada, al final el tiempo pone todo en su sitio, siempre lo he dicho. ¿De que te han servido tus méritos, y tu amplísima experiencia, y tus cursos de formación y tu menciones y tus honores y tus gilipolleces todas… pues de nada, no te han servido de nada, porque aquí, que te enteres, no vale nada de eso, aquí hay que saber moverse, eso que a ti no te habían enseñado, ¡claro!, con tantas cosas que hacías en tus tiempos no tuviste ocasión de aprender lo básico muchacho, que la vida es astucia, zorrería y saber aprovechar el momento, más vale llegar a tiempo que rondar un año… y saber el árbol al que hay que arrimarse porque cuando se es “tan bueno como tú”, como no te hace falta ningún árbol gordo pues claro, cuando llega el huracán, los que somos más vulgaritos pero sabemos buscar la sombra adecuada y esperar, pues mira, nos toca enterraros a vosotros, tíos listos. Cuando vino el nuevo jefe lo ví claro como de manual, a este lo van a poner mirando para poniente y mira si te puso, y ¿dónde estaban entonces tus acólitos, tu ejército de seguidores y tu ejemplar rendimiento? Pues por el water ser fueron todos al mismo sitio, eso es lo que duran aquí las relaciones y yo, sin embargo, de nuevo bien considerado, otra vez, como nunca debió dejar de ser, y mira yo no optimizo recursos, ni salgo el los papeles, ni falta que me hace, le dejo al jefe que aparezca en todo y a correr. ¿No es muy complicado verdad?, pues al final eras un poco torpe muchacho porque yo no soy un master del universo y mira… y… ¿sabes?, ya no vas a aprender.

¡Jo! ¡Que corte!, no he sabido reaccionar… Me he quedado clavado y después ya media vuelta y a fuera de la iglesia, ¡que cara me ha puesto! ¡qué pasaría por aquella cabeza! ¿me habrá confundido con otro? En realidad toda la familia estaba como rara. Tristes y hundidos ya tocaba que estuviesen pero, no sé, había una actitud como de perdonavidas y sin embargo yo creía que eran gente más normal, hace años al menos lo eran cuando éramos jóvenes y nos íbamos a hacer paellas por ahí y con los críos pequeños a la playa. El tiempo nos pasa y nos cambia, vaya si nos cambia, hoy para mí toda esa familia eran unos desconocidos. Claro que las han tenido que pasar… llevaba ya mucho tiempo mal, no era ya él desde hace al menos un año primero engordó mucho, me acuerdo porque aún tomábamos cañas juntos y lo decía: estas cañas me van todas a la barriga. Después empezó a adelgazar, más y más, fue la época en que nadie salía con él a desayunar, bueno ni a desayunar ni a nada… con lo sociable que había sido este hombre. …Y ese crío grande que me ha mirado así en la iglesia y me ha dejado parado…, si era un bebé y me quería mucho… pero hoy…, es como sí…, como si mirara al culpable de la muerte de su padre… era odio lo que estaba dibujado en su cara, a mí… no puede ser… no puede ser.

Se pasó, no aguantó la presión. Este mundo no está hecho para los blandos; y eso que él fue de los más sólidos que he conocido, fue consistente y serio, con la vida y con el trabajo, demasiado serio fue con el trabajo en unos tiempos en los que esto ya no va así. En fin, cambiaría o algo porque lo cierto es que esto ha podio con él. Se lo dije hace mucho tiempo ya: ¡adáptate!, ¡adáptate!, olvida esos romanticismos anticuados de que el trabajo se puede disfrutar, como si fuera una afición, no hay ningún trabajo que sea un entretenimiento, el sudor de la frente lo diseñó Dios no para que lo disfrutásemos, aunque dudo que Dios contase con la selva en que se ha convertido el nuestro. Parece como si la torre de Babel se hubiese cambiado de capítulo en la Biblia y nos hubiese tocado a nosotros, ya nadie se entiende con nadie. Sí, disfrutamos de unos años buenos donde teníamos la posibilidad de trabajar y gozar del curro, pero éramos idealistas, jóvenes y generosos, aquello cambió, te lo dije, ha cambiado, no quisiste hacerme caso y seguiste con tus ideas de hacer las cosas bien. ¿Quién está interesado ahora en hacer las cosas bien? te pusiste tú solo en el disparadero, te lo dije ¡cambia!, ¡adáptate! y tú me decías, no quiero dejar de ser como soy, sé que este mar de confusión de ahora no es la forma natural de trabajar, y así seguías y seguías sin darte cuenta de que todo a tu alrededor iba cambiando y alejándose de ti. Tu decías que eran ellos, nosotros, los que nos íbamos, que tu estabas en el mismo sitio, bueno y que, qué más da. Lo cierto es que tanto si eras tú el que te ibas como si éramos los demás, la distancia era cada vez más larga y eso sí era lo importante, te quedaste solo. Vino el nuevo jefe, al principio observó y un fulgor extraño brilló en sus ojos, no quisiste verlo, hacías como que no te dabas cuenta pero tampoco te sirvió la táctica, y después ocurrió, fue como si te hipnotizase, todos hablaban con él, entraban y salían de su despacho, incluso yo, tengo que admitirlo, pero no puedes reprocharme nada, tú pudiste hablar con él, aclarar las cosas, hacerle ver que no estabas contra sus ideas. Pero no lo hiciste. Decías que contigo no hablaba, que no quería hablar, ¡pero si hablaba con todos! Fue cuando empezaron a correr los rumores,… sabía que no eran ciertos que tu no eras aquel del que se hablaba a tus espaldas, pero… la verdad es que tampoco los desmentí…, nunca me arrepentiré bastante…, pero solo de eso, un pequeño pecado de omisión… y tú, ¡¿por qué coño no te defendías?!, era increíble, si hasta disculpabas al que te estaba crucificando. Te creíste tu propio papel de redentor y al que se mete a redentor, se le acaba crucificando.

Hoy era el funeral. No quiero pensar pero los retazos de vida se me vienen en fotogramas sin pedir permiso. Hacía ya mucho que no hablábamos, desde que lo descubrí. Pocas pistas me hicieron falta para darme cuenta de lo que realmente estaba pasando. Cuando tuve conciencia de la verdadera situación y pasaba de él, me miraba como si no entendiese nada. ¿Cuánto tiempo me hubiese seguido engañando? Si no llega a ser por la reestructuración, si no llega a venir un nuevo un jefe que me diera las pistas necesarias para saber que estaba jugando conmigo a dos caras…? Tenía que haber una explicación para todo aquella confusión de la época en que el nuevo jefe vino, los despachos cerrados, las bajas, el rendimiento cayó. La verdad es que le echaron la culpa de todo, eso sí que hay que decirlo, pero ¿no fue muy sospechoso que todo se enrareciera tanto con aquel relevo? Siempre se quejó de que se le calumniaban, pero lo cierto es que cuando el río suena… y sonaba constantemente… Debió de empezar con sus desvaríos en aquellas fechas, seguramente no pudo soportar que otro lo sustituyera, mucho orgullo. Pero nada explica porqué me quiso perjudicar. Siempre me había llevado bien con él, habíamos tenido una buena amistad, yo fui su mano derecha durante mucho tiempo y trabajamos codo con codo y la verdad es que daba gusto en aquella época en la que teníamos todavía autonomía para llevar asuntos sin tantas trabas y burocracia como ahora. Cuando ya empezó a mostrase agresivo y deambulaba por las oficinas, fue cuando un día lo seguí para ver donde se iba a desayunar, hacía tiempo que nadie ya salía con él, fue un poco morboso, lo reconozco pero confirmé que estaba trastornado, paseó con la mirada ausente por entre la gente sin mirarlos siquiera, no entró en ningún bar, fue a la iglesia de la plaza y dio una vuelta por la nave vacía, se sentó en la ultima fila pero no rezaba, solo parecía como descansar con la mirada perdida por el fondo, estaba como ido. Nunca le dije a nadie que lo había visto así, aunque sé que otros también por aquella época lo veían deambulando por muchos sitios siempre solo y siempre alejado de la oficina. Yo no tuve nada que ver en su proceso de locura, se creyó alguien y no pudo resistir darse cuenta que no lo era.

No ha tenido más que la muerte que tenía que tener, la de un loco. Esto lo sabía yo hace mucho, este tío era un fraude. Cuando llegué aquí todo lo tenía patas parriba. En esta oficina no había control de ningún tipo. Y tenía a la gente haciendo a todos de todo, sin una mínima organización. He tenido que emplearme a fondo en este tiempo en distribuir y sobre todo en controlar. Este organigrama funcional que he impuesto me permite controlarlo todo, antes o después todo pasa por mí. Ahora si que esto empieza a estar como debe y no antes ¡Que desbarajuste aquel! Aun recuerdo la resistencia de la gente al principio, esa especie de respeto que querían hacer ver hacia él, ¡que pronto se vio lo que daba de sí aquello!, cuando le quité a su mano derecha y lo puse a hacer pajaritas una temporada, luego lo puse a competir con su amigo del alma en aquel proyecto que entonces estaba tan de moda, que poco les duró su maravillosa relación. Si sabré yo lo que de verdad hay debajo de estos personajillos de oficina. Luego traje a mi colaborador que siempre me ha sido fiel, sabe cual es su sitio conmigo, no se lo tengo que recordar a cada momento. Qué poco le duraron sus ínfulas, qué pronto sus compañeros vieron lo que en realidad había y quien era quien. Algunos durante un par de meses no entendían el por qué no cobraban las gratificaciones de producción, pero ¡amigo! Pronto lo entendieron. Si yo no le puse ningún subordinado directo a sus órdenes no era para que ellos siguieran haciéndose los amiguitos por los pasillos. Yo sé lo que da de sí la amistad y lo que dura el respeto, cuando tocas la cartera a la gente, los principios se vuelven finales. A mi no me hace falta respeto, dame la vara de medir sus honorarios y lo demás ya me lo hago yo. ¿Dónde estaba toda aquella dignidad y capacidad del principio cuando quedó solo? Y el muy capullo aún seguía intentando impresionarme con sus informes y con sus ideas renovadoras. Cuanto tardó en enterarse de que a mí sus ideas brillantes no me interesaban. Conforme pasaba el tiempo fue quedando en lo que siempre ha sido sin un cargo, un don nadie. ¡Por cierto! ¡Qué bien le sentaba ese vestido negro a la viuda…!

Nunca entendió por qué me presté a despachar directamente con el jefe cuando vino y él quedó de lado. En este trabajo hay cosas que no se aprenden en los cursos de formación. La vida, la vida es la que te da las mejores lecciones. Fue el momento de colocarme y me coloqué, no tenía nada contra él, al contrario, hasta me caía bien y le reconocía todos sus méritos que los debía de tener, no digo yo que no, pero aquí lo que vale es el día a día y yo estuve ahí en el momento oportuno. Y demás no tiene nada que ver con que yo sea el delegado de la asociación profesional, eso lo dirán los trepas, tiene que ver con que me entendí con el jefe mejor que los demás y sobre todo, que me di cuenta antes que nadie que a él no lo podía ni ver. Yo no tengo la culpa de eso ni de que ahora la plaza quede vacante y sea yo el mejor posicionado para ocuparla, he metido mucho tiempo y dedicación en estos años. Dicen que no se ha rendido, que digan…, sigo siendo el artista de la estadística y si hay que cambiar las cifras, se cambian y punto; ya le buscaré yo las maneras. Eso nunca ha sido problema y no lo va ser a hora.

Verdaderamente que no se qué pasa con el puñetero departamento ese, ahora ya lo que faltaba, la prensa, ¡el escándalo! Para nosotros, oficina de personal, esta es una imagen patética la que se está dando de esta casa para la calle y cara a los demás departamentos. Y menos mal que hemos conseguido que no hicieran fotografías dentro del edificio, no nos faltaba más que esta foto en los periódicos. Desde la ultima reestructuración no hay más que problemas en ese departamento, el absentismo es un escándalo, las broncas entre compañeros, las zancadillas, y ahora esto. ¡Qué barbaridad! ¡Qué imagen estamos dando! Pues va a ser verdad lo que dice su jefe de todos ellos que son unos inútiles. Por eso ha tenido que establecer los controles de entrada y salida, y hasta de estancia; pero si incluso los horarios de desayuno los ha tenido que organizar porque no eran capaces de ponerse de acuerdo. La verdad es que este nuevo jefe al menos ha conseguido llevarlos controlados, con las nuevas aplicaciones informáticas que ha implementado sabe de ellos hasta donde mean y con quien. Pero ni así rinden los puñeteros, lo sé porque en la ultima reunión de dirección a ese departamento no le salían las cuentas en los objetivos, aunque también hay que decir que su jefe se explicó la mar de bien cuando comentó las pegas que los demás le están poniendo; por cierto que estos comentarios no cayeron precisamente bien a los otros jefes de departamento, pero el jefazo estaba tomando buena nota y por su cara… para mí que se estaba quedando con la copla para poner a los otros al hilo en cuanto tenga ocasión. ¡Qué capacidad de exposición y de convencimiento! Para no salirle las cuentas, cómo se metió al jefazo en el bolsillo, y claro… seguro que no tiene nada que ver que lo agasaje permanentemente con esas saliditas golfas de los jueves… ¡tomo nota!, ¡tomo nota!, ¡Al jefazo le gustan las juergas… !

He intentado decírselo al del juzgado cuando ha venido. Con lo que me ha costado esperar el momento para acercarme sin que me viera nadie con la fregona en la mano, pero no ha servido de nada. Espero que al menos no se enteren de que lo he intentado, me tienen que renovar el contrato el mes que viene y están deseando meter gente joven. Será ya la quinta renovación de seis meses en seis meses, si no la cago. Yo le hubiera contado que este hombre era una bella persona, que era el único que se acordaba de preguntar por mi hijo pequeño cuando estuvo ingresado. Que no hace tanto era él el que llevaba todo en esa oficina y todos le reconocían, que estaba bien cuerdo y nunca ha estado loco aunque al final lo pudiera parecer. Que toda esta jauría lo ha ido arrinconando y que su único error fue no tirar a alguno por la escalera al principio, cuanto todo esto empezó hace dos años. Siempre tuvo unos minutos para saludarme y yo, cuando ya el pobre estaba más tiempo de baja que en activo, le regaba su maceta del despacho; cuando aún lo tenía porque ya los últimos tiempos ni eso le dejaron al pobre, hacía falta el espacio para la reprografía, eso me dijo el mismo: son mas importantes las fotocopias que yo, ¡fíjese, ¡fíjese! Voy a terminar esta planta que si no la que acabaré mal seré yo, y no faltando mucho. ¡Ay señor! ¿Se habrán dado cuenta que me he arrimado al tío del juzgado?

Uno más para mi cuenta particular. En veintidós años ya de profesión cuantas muertes de estas me ha tocado levantar…las píldoras…, los saltos de puente…, las vías de tren…, los tiros en la boca; estos son los peores por la casquería. Y la cosa es que no se llega uno a acostumbrar del todo nunca. Les he dicho a los de la judicial que echaran un vistazo a su mesa de trabajo, aunque por lo que me ha dicho su jefe, trabajar, lo que se dice trabajar, ya no trabajaba el pobre desgraciado, pero hay que adornar el informe. Por cierto que amable el jefe de esta oficina, la verdad esto de ver que su secretaria nos traía café a su despacho… hacía mucho que no lo veía. Ahora que… ¿y lo de la señora esa de la limpieza que me ha abordado como a escondidas en medio de la escalera? ¡Tiene pelotas la cosa!, ¿pues no me quería insinuar que había habido una inducción y que alguien había presionado al tío…? Y me lo cuenta en mitad de la escalera y con medias palabras, tapándose la boca con la fregona; además ¡que no me quería entender la tía! que se lo he tenido que decir en plata: señora, que un juez no recibe rumores a mitad de una escalera. Vaya usted al juzgado de guardia y hable allí con el oficial si tiene algo que decir y preste declaración. Los jueces no hacen oídos a chismes. Pues solo faltaría que fundamentáramos la justicia en los rumores de la señora de la limpieza… es el colmo… capaz es la tía de ir a prestar declaración y forzar una investigación de las que no acaban nunca y que cuestan un pastón al contribuyente y que además gastan el poco tiempo que tenemos los que sí que trabajamos. Ya advertiré yo al oficial que si va le ponga las pilas y le hable de la figura de la difamación. Además la mujer esa me ha interrumpido cuando bajaba ya para irme y contemplaba esa soberbia vidriera que da a la calle principal desde la escalera, es abstracta, pero lo que me llamaba más la atención era una sensación curiosa que transmitía al superponerse la soga que colgaba por delante. Al liberar la cuerda del cuerpo del ahorcado en medio del hueco de la escalera principal donde colgaba, ha recuperado su rigidez inicial con sus torceduras y vicios de almacén. Ahora que caía irregular, remarcaba los contornos de los cristales de colores que por detrás le hacían de telón de fondo y le daban una configuración nueva, diferente a la propia del vitral. En ese momento he sentido un déjà vu, he percibido que esa nueva configuración de los cristales de colores dada por la soga, ya la había visto antes en otro lugar, en otro tiempo…¡me era tan familiar!… Pero, volvamos a la realidad y a la rutina diaria. Resumen de este asunto: archivado. La nota del suicida en su bolsillo, de su puño y letra, sencilla y escueta no ofrece dudas:

Sr. Juez: no podrá culpar a nadie de mi muerte.

 

Ricardo Pérez-Accino
Picatoste

Palma de Mallorca, 26-09-05